
Populorum de Copán
Carta recibida el 30/04/10
Hola, somos Rosa y Elena, dos voluntarias que nos hemos lanzado a la aventura hondureña por primera vez.
Tras tres semanas en Honduras ya les podemos decir que esto es otro mundo y otra realidad. Nada de lo que les contemos es comparable con lo que uno puede vivir aquí, ver o sentir. Aquí las cosas más insignificantes adquieren un valor incalculable y uno aprende cada segundo a dar gracias por lo que tiene y lo que no tiene.
Los días son súper intensos y como no nos queremos perder nada nos apuntamos a todo. Ya hemos visitado dos populorum fuera de Tegus con el padre Patricio, la de Texiguat y Copán, y ha sido toda una lección ver como muchachos tan jóvenes y con unas historias personales tan impresionantes se organizan ellos solos siguiendo unos horarios súper estrictos y colaborando para que sus comunidades sigan adelante.
Escuchar a Patricio es un gusto y toda una inyección de alegría y de moral. En medio de toda esta pobreza y este vivir tan duro, él siempre tiene una sonrisa y una palabra bonita y de ánimo para cada uno.

Padre Patricio
Nos han impactado mucho las escuelitas de la Bolsa, la Isla o la Nora que resultan un oasis en medio de un desierto. Son lugares donde los niños durante unas horas pueden viajar al “país de nunca jamás” pues allí todos pueden seguir siendo niños, jugar, comer, reírse y aprender cosas nuevas. Es aleccionador ver a muchachas que estudian en la Universidad como dedican parte de su tiempo a estos niños o a señoras como Doña Claudia que va todos los días a la Nora a hacer de mamá de todos ellos.
Las escuelas grandes como la Santa Teresa o la Santa Clara son increíbles. Parece mentira que los niños uniformados y tan disciplinados que estudian allí tengan la fuerza para querer y seguir estudiando, porque cuando ves la miseria que tienen en sus casas, las familias tan desestructuradas y como muchos de ellos trabajan parte del día, se le cae a uno el mundo a los pies.
También está siendo un lujo compartir estos días con las chicas de la populorom Santa Rosa de Lima, aquí en Tegucigalpa junto a la Monterrey. Después de unas semanas con ellas ya estamos totalmente integradas y nos sentimos parte de su familia. Nos tratan como si fuéramos parte del grupo, nos incluyen en sus comidas y muchas veces parecemos sus mamás pues vienen a contarnos sus cosas y a preguntarnos dudas. Es una verdadera delicia escucharlas y poderlas ayudar.
Ya ven que no dejamos de asombrarnos cada minuto del día. Los días son muy largos y se viven a tope y como son tan intensos uno tiene la sensación de que ha hecho y visto muchas cosas pero también de que le falta mucho por conocer, hacer y aprender.
Y si algo hemos aprendido es que nunca debemos olvidarnos de dar gracias por todo lo que la vida nos ofrece.
Un abrazo y una sonrisa
Rosa y Elena